Martes, 11 de agosto de 2009

?



LAS SAMARITANAS






El hombre, y ya lo dice un antiqu?simo proverbio chino (bueno, quiz? no sea un proverbio ni probablemente, chino), es el ?nico animal sobre la faz de la tierra que tiene la capacidad de tropezar dos veces con la misma piedra y adem?s, hacerse da?o. ?Y mira que nos consideramos inteligentes! ?Y mira que nos creemos los reyes de la creaci?n!

Y, para seguir siendo consecuente, esta entrada ya la publiqu? un d?a de alg?n a?o en alg?n medio, aunque seguro que no era ?Un Lugar para Aprender?, ya que en ese caso hubiera aprendido y esta repetici?n no tendr?a lugar. Bien, la entrada era m?s o menos as?:

Ha amanecido en martes, y adem?s, hace un d?a precioso, como corresponde a un d?a?veraniego. Como es habitual y si el resto de obligaciones me lo permiten, trato de machacar mi cuerpo con la sana idea de mantenerlo en forma. Desde hace unos cuantos siglos que vengo escuchando aquello de ?corpore sano, mente sana? y trato de llevarlo a la practica (aunque a veces dudo que sea cierto). Para ello me dedico, con una determinada frecuencia, a practicar footting, en solitario. No encuentro a nadie que quiera participar conmigo en tal estupidez.

En primer lugar, uno tiene que mentalizarse para iniciar ese objetivo, ya que, generalmente, se suele dejar para otro momento en el que te encuentres m?s motivado (y ese momento debe estar mucho m?s all? del lado oscuro cercano y no lo encuentras). Es duro tomar la decisi?n, cambiarse y embutirse la ropa de deporte dentro de la soledad de uno mismo. Se te ocurren mil razones para abandonar y muy pocas o ninguna para continuar. Cuando ya con las zapatillas bien asentadas en los pies (sobre la cabeza no suele ser una buena opci?n), el cuerpo comienza a sentir una extra?a pesadez, inici?ndose en la punta de los dedos de los pies para continuar por el resto del cuerpo hasta alcanzar la neurona, que se desploma abatida produci?ndose una sensaci?n de apat?a total y absoluta. Sacando fuerzas desde la reflexi?n, te preguntas, ?cu?ntos kil?metros voy a recorrer hoy? Trato de no contestarme, ya que luego puede producirme rubor.

El cauce del r?o de esta preciosa ciudad, transformado en un precioso jard?n, lo tengo muy cerca y es un lugar muy adecuado para realizar este tipo de deporte, al menos, sabes bien que cuanto m?s te alejes, luego queda igual distancia de regreso. Y no puedes hacer trampas, no vale eso de coger un taxi, ya que si lo intentas, nada m?s abrir la puerta del mismo puedes escuchar mil improperios del se?or taxista hacia tus pestilentes efluvios corporales. ?Nada t?o, si te cansas puedes regresar andando, lo cual tambi?n es una excelente forma de hacer deporte!

Cuando inicio la carrera, las piernas se niegan a obedecerme, se sienten torpes, cansadas, inapetentes de ejercicio y por tanto inoperantes. Tienen la sensaci?n de fragilidad al no estar acostumbradas a ese ritmo tan infernal de tener que lanzar el cuerpo hacia el aire y avanzar. Los brazos procuran tambi?n moverse de forma r?tmica y al mismo comp?s que las piernas, pero de inmediato sienten la sensaci?n de agarrotamiento. Todo el cuerpo quiere quejarse, y se queja. En esos instantes sientes ira y odio por la imperfecci?n del mismo y tienes la certeza de que todos los huesos chirr?an en los diferentes engranajes, en seco, sin lubricaci?n alguna. ?Se?or, qu? suplicio! Miras a t? alrededor observando si la gente est? pendiente de ti, sientes verg?enza, por tu cuerpo anquilosado, sientes verg?enza pura y dura, la sientes hermano, por el mal estilo con el que te desenvuelves, tambi?n sientes verg?enza, por el mal estado en que se encuentra tu cuerpo, tambi?n sientes verg?enza, pero a pesar de todo y gracias a Dios, la gente pasa totalmente de ti. Hay demasiado obeso, demasiado mal formado f?sico y mental por esas calles de Dios (y de nuestra alcaldesa) y en pantalones cortos, cuya sola visi?n producen estados depresivos y desagradables (?hay que tener ?g?evos? para salir as? a la calle y encima, entrar en el Corte Ingl?s, Cortefiel o en una cafeter?a de moda!), como para que la gente se preocupe de ti en el cauce de un r?o, seco ya por la obra de unos pol?ticos, cuando los que por all? deambulan, lo hacen de forma muy concreta, o hacen el gilipollas como t?, o llevan colgados del brazo a una muchachita con minifalda, que para que te voy a contar lo que perfectamente cabe en tu fr?gil imaginaci?n.

?Si al menos me acompa?ara otro gilipollas??, me digo muy a menudo, pero no lo encuentro. En ocasiones le he propuesto esta cuesti?n a alg?n amigo, unos ni me contestaron, otros me dijeron simplemente ?est?s loco t?o! En fin, con las primeras y torpes zancadas (en las que sientes que el cuerpo se va a descuajeringar de un momento a otro) se inicia el martirio, que se puede alargar por espacio de muchos minutos, del orden de sesenta m?s o menos. Normalmente piensas, ?comenzar? a un ritmo lento, sosegado y as? podr? disfrutar del paisaje y de las gentes, respirar? por la nariz y expulsar? el aire por la boca, como mandan los c?nones de todo buen atleta, mantendr? la compostura como si ya estuviera de vuelta en todo?, pero al ver el reloj observo que el demencial tiempo transcurrido alcanza la cifra de treinta segundos.

?Jooooeer, es duro, casi cruel e inhumano! La mente se niega a pensar, se oscurece, se vuelve ap?tica, se vuelve pesada a la vez que en el cuerpo se van formando unos irreprimibles deseos de detenerse, y ver como se orientan las cosas desde esa posici?n. En el fondo has tomado la decisi?n y la cumples (para ello te has puesto las zapatillas), pero no ser? por ganas, te lo prometo. Pasan unos minutos y el cuerpo parece que se va calentando, los pasos son m?s seguros y r?tmicos y hasta sientes un ligero deseo de acelerar un poco, claro que la mente consciente tiene encendida la luz roja del abatimiento, impidi?ndote cometer locuras.

A medida que esos lentos segundos van transcurriendo sin ganas, con cansancio, vas tomando confianza en ti mismo y vas tomando conciencia de que tampoco es tan complicado (cansado s?, mucho, pero complicado no), comienzas a visualizar los alrededores y a sentir que no est?s s?lo, que otras gentes como t? tambi?n est?n por la labor, que se esfuerzan por llevar a cabo la reiterada frase; ?mens sana corpore sano?, (?frase que anima mucho!), y que sufren en sus carnes esa puesta a punto. El tiempo pasa (y ya s? que no descubro nada nuevo, inconsciente deportivo que no vas m?s all? de una Quiniela a la semana) lentamente y el cuerpo lo va acusando, comienza a tener sentimientos de dolor, las piernas se sienten abatidas pregunt?ndose dolorosamente el porqu? de este sometimiento tan absurdo, los hombros claman en el desierto cada vez que una mosca tiene la ocurrencia de posarse sobre ellos a la vez que sienten unos irreprimibles deseos de dejar totalmente descolgados a los brazos, cuyo balanceo es ya ag?nico.

Las gotas de sudor van recorriendo todas las arrugas del rostro, canaliz?ndolas directamente hacia los ojos, que braman de dolor, la cabeza parece quemarse bajo el ardiente atentado de los rayos solares que impactan de forma directa sobre el cuero cabelludo d?bilmente protegido por la capilaridad de la que estoy provisto. Tengo la sensaci?n de que de mi cabeza sale el humo necesario como para que un indio practique haciendo se?ales. La cara congestionada, roja y sudorosa, la mirada cansada y perdida en un lugar cercano a la punta de las zapatillas, sintiendo que se va a producir una sensaci?n de mareo.

De golpe, el cuerpo cesa en su carrera, cesa autom?ticamente, sin orden aparente de la neurona (que bastante entretenida se encuentra tratando de evitar el ir golpe?ndose contra la caja craneal), as? de sencillo, se para y te preguntas por qu?. Creo que el cuerpo es demasiado inteligente y act?a con voluntad propia; dice ?ya? y no se lo piensa dos veces. Uno mismo se sorprende ante tal actitud, pero no tarda en darse cuenta del acelerado ritmo del coraz?n que produce la sensaci?n de estar sali?ndose de su ubicaci?n de origen por el fren?tico galope al que ha sido sometido, de la escasez de aire casi inexistente en tus alrededores, que provoca una apertura desmesurada de la cavidad bucal ante el deseo de consumirlo todo. Doblas el cuerpo, apoyas las manos en las rodillas y el cuerpo se convulsiona espasm?dicamente, ?Joooeer, y eso que marchaba lento!

A medida que uno se va recuperando, se va irguiendo hasta alcanzar la vertical, que a veces puede llegar a ser doloroso, es cierto ?lo juro! Entonces es cuando piensas en el mal estado del cuerpo, lo mal que lo has tratado y de cuanto se queja. ?Cu?ntos minutos han transcurrido? Aparentemente, muchos, realmente no m?s all? de siete u ocho. La respiraci?n continua agitada pero ya en periodo de regulaci?n, el cuerpo inicia una serie de movimientos, inconexos al principio, para dar lugar despu?s a un lento caminar, que poco a poco se va haciendo m?s r?pido y volver finalmente a la carrera pero de una forma suave. Sientes que ya est?s recuperado y deseas ordenar a tus piernas que se lancen a una carrera desenfrenada, pero es algo irreal producido por la baja cantidad de oxigeno proporcionado a la neurona y se encuentra en estado de mono.

La historia se repite cada cinco o seis minutos, a lo sumo, a pesar de que el ritmo de zancada (si se le puede llamar as?) es cada vez menor pero la distancia recorrida aumenta. Tengo la sensaci?n de que estoy devorando kil?metros y kil?metros. El agotamiento es alto. El cerebro quiere pensar pero s?lo siente una pesadez demoledora y una gran soledad. ?Qu? triste es estar s?lo y derrotado, f?sica y mentalmente! Gracias a unas fuentes estrat?gicamente distribuidas a lo largo del cauce puedo de vez en cuando tomarme un respiro reparador, bajar la temperatura craneal que amenaza con alcanzar unos grados demasiado altos para poder soportarlos, situarla bajo ese chorro purificador de agua, que aunque est? algo caliente, calma las necesidades urgentes. Entonces las ideas parecen aclararse, pero no mucho, y continuas debati?ndote en si continuar o no, alej?ndote hacia el final del cauce, o sencillamente aceptar la derrota, agachar la cabeza para no mirar a esos b?lidos humanos que se alejan de ti a la celeridad de un rayo y volver a la c?lida paz del hogar a pesar de que ello significa continuar con el sufrimiento, al menos en la misma distancia que a la ida.

-?Por qu? tengo estas ideas tan alucinantes para darle marcha al cuerpo que est? completamente derrotado?

El peque?o ecosistema constituido por el cauce del r?o te hace sentir en un lugar completamente ajeno a la ciudad, a la que no percibes, incluso se tiene la sensaci?n de que no existen esos ruidos t?picos de ese endiablado tr?fico que se produce en ambas m?rgenes. Una suave brisa procedente del mar se canaliza a lo largo del cauce, proporcionando un frescor gratamente agradable, y el entorno, a excepci?n de algunos tramos, es de gran belleza, produciendo la impresi?n de encontrarte en plena naturaleza. ?C?mo se puede sentir uno cansado? Pues a pesar de todo as? es, incluso cuando esa mosca tiene la osad?a de posarse en tu hombro atra?da por tu olor corporal que s?lo ellas son capaces de resistir, sientes como las piernas se doblan y se niegan a continuar, pero una retirada a tiempo, alguien importante dijo que era una victoria. Ni las sanas intenciones, ni los firmes prop?sitos son capaces de producir la motivaci?n suficiente (y adem?s necesaria) para alejarte de la pereza, de la postraci?n total. Es aburrido, es pesado, es cansado, es aberrante, es torturante. Hay que tener valor para ejecutarlo con la debida frecuencia, con la habitualidad necesaria para obtener los beneficios requeridos. Me imagino, supongo, pienso que el corredor de elite no debe tener este tipo de problemas, pero la soledad no se la quita nadie. Eres t? y s?lo t?, con tus propias energ?as, tus propias ganas, tu mentalidad y tus deseos de hacer, lo que puede sobreponerse al desfallecimiento total, a las ansias de abandono, y a pesar de las posteriores compensaciones, la propia soledad castiga y mina las energ?as del m?s fuerte.

Poco a poco, metro a metro, lentamente, voy recorriendo la mitad de la distancia que me he propuesto y mi energ?a mental parece entrar en un estado m?s eficiente. Instintivamente voy buscando la sombra que me proporcionan los ?rboles (pinos en su mayor?a) para que la refrigeraci?n corporal sea mayor. De golpe me veo volando y aterrizando todo lo largo que soy sobre el suelo de tierra. Trat? de amortiguar la ca?da con ambas manos y pienso que lo consegu?, en parte. Creo que emit? un peque?o (o salvaje) grito mientras las palmas de mis manos se deslizaban sobre la arena del suelo sintiendo mil lacerantes pinchazos. Mi cuerpo rod? unos segundos, y finalmente qued? tumbado y totalmente desmadejado. Mi neurona comenz? a sentir p?nico mientras mis ojos iban recorriendo el cuerpo tratando de descubrir su estado lamentable. Mi coraz?n, que segundos antes galopaba a 130 pulsaciones por minuto, debi? acelerarse en la misma medida que mi cuerpo se hab?a desacelerado. No me extra?ar?a que durante un peque?o tiempo se desbocara por encima de las 200 pulsaciones y en taquicardia ascendente. ?No hab?a aire suficiente en los alrededores!

En esta ?poca del a?o suelo correr sin la camiseta y toda mi piel estaba llena de arena y porquer?a. ?Se?or, que sucio y asqueroso est? el suelo! De frente, caminaban tres mujeres de mediana edad charlando muy entretenidas. Me quedo mir?ndolas, como alelado, pensando, ?las buenas samaritanas vienen en mi ayuda?. Cuando llegan a mi altura ni se molestan en mirarme, contin?an con su paso cansino y su inteligente y quiz? interesante conversaci?n. Mientras, yo continuaba en el suelo tratando de comprobar el alcance de los da?os sufridos en mi cuerpo, aunque con ganas de gritar; ??Se?oras, no me pasa nada, tan s?lo me he roto la cabeza, pero a mi solitaria neurona no le preocupa demasiado!?

En direcci?n contraria se acercaban varias personas, miraron con curiosidad mis extra?os movimientos de limpieza corporal, realizados con cautela, con calma, a la vez que unos reguerillos de sangre comenzaban a manar de los m?ltiples zarpazos recibidos por las malditas arenas y piedrecillas del suelo. Mis manos me dol?an, mucho, tras el seco impacto, y creo que mis gestos lo denotaban ampliamente. Al igual que las primeras samaritanas (que debieron pensar que yo era jud?o), estos, hombres y mujeres, pasaron por mi lado como si fuera un vulgar excremento al que no se debe pisar, so pena de contaminaci?n. Tampoco ejercieron de samaritanas ni samaritanos.

A veces, uno puede sentir un profundo asco de la especie a la que pertenece. Ese fue mi primer sentimiento, despu?s pens? que deber?a de denunciarlos por denegaci?n de ayuda en un accidente. Claro que, el accidente, lo hab?a sufrido un vulgar y molesto correcaminos, y no ten?a importancia. ?Le est? bien ?pensar?an inc?modos? ?no tendr? cosas mejores qu? hacer?

Trat? de alejar de mi neurona esa frustraci?n, y concentr? toda su atenci?n en analizar mi cuerpo. Menos mal que todo se redujo a una serie de ara?azos y las contusiones en las manos. Me acerqu? a una fuente y lav? con mimo mi cuerpo, tratando de eliminar la arenilla que se hab?an introducido en las heridas. Parece mentira que algo tan diminuto produzca tanto dolor. Tambi?n las samaritanas me causaron dolor, aunque muy diferente.

Sinti?ndome algo m?s limpio y fresco, trat? de animar la neurona, haci?ndola comprender que nos quedaban, al menos, seis kil?metros para regresar al punto de partida. Superada mi enajenaci?n mental primigenia, no dud? en iniciar el regreso, lentamente, al principio, tratando de valorar si ten?a alg?n da?o que me lo impidiera. Trat? de transmitir mis agradecimientos mentales a las buenas samaritanas y poco despu?s, estaba corriendo al ritmo habitual, aunque sin saber si hab?a tenido suerte. A veces, el deporte no suele ser tan sano como dicen, pero menos mal que tan s?lo ocurre en contadas ocasiones. ?Ma?ana tendr? m?s cuidado? me dije con energ?a.

Y cada vez que se repite el evento, y se repite y volver? a repetirse, vuelvo a pensar y con la misma energ?a ?ma?ana tendr? m?s cuidado?.


?ooOOoo

oooOOOooo

?

?


Tags: acción, deporte

Publicado por pgrr20 @ 10:24
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios